viernes, 5 de enero de 2018

Cuando ser gorda era expresión de belleza...

A veces me da por pensar de qué manera ha cambiado el concepto de belleza a través de los siglos, y cómo las obras de arte han ido evolucionando en relación a eso. Sobre todo si hablamos de la pintura y la escultura, donde la máxima expresión de belleza han sido los cuerpos humanos, y en especial, el de la mujer (tampoco es tan extraño, teniendo en cuenta que la gran mayoría de los artistas eran hombres, aunque no siempre heterosexuales, aunque de eso ya hablaremos más adelante).

De hecho, han sido las mujeres las que más han hecho para adaptar sus cuerpos a estos cánones de belleza, a veces incluso bastante perjudiciales para su salud (me estoy refiriendo a ciertas modas que obligaban a la mujer a ser pálida, o a desmayarse, o a tener cintura de avispa), pero que como nosotras, las de nuestro tiempo, aceptaban sin dudar, con tal de resultar atractivas y deseables. ¿Crees que estamos tan lejos de ellas, y te suena a cosa arcaica y fuera de nuestro tiempo? Pues no tengo más que recordarte la dieta de la alcachofa, que empezó como una dieta depurativa, y que se ha convertido en algo que se cree un milagro para mucha gente y tiene más seguidores que un equipo de fútbol; y como esa, otras muchas, que otro día nombraremos.

Quizá debiéramos volver a esa época en que ser una mujer rolliza y llena de michelines era el sumun de la belleza, aunque claro, tampoco se puede decir que eso sea muy saludable que digamos. Es cierto que las mujeres tendemos un poco a pasarnos de peso, por un tema de hormonas y demás y con el paso de los años; pero también otras se mantiene en peso perfecto durante toda su vida. Si hay que atiborrarse de comida para estar bellas, también estaremos dándole un buen palo a nuestra salud, qué duda cabe.

Aunque hay una forma de engordar que siempre resulta despampanante, y que durante cualquier época no ha dejado de serlo: el estado de buena esperanza. Una mujer embarazada resulta sexy y atrayente siempre, aunque realmente una no se sienta así cuando lo esta padeciendo. Pero parece que a cualquier mujer la hace más bella estar esperando un bebé, así que, aunque penséis que la ropa lactancia es un infierno y es como si os metiérais en un saco, la percepción que se tiene de una preñada no es esa; de hecho, puede que en realidad nunca logremos irradiar tanta belleza como cuando estamos a punto de tener un hijo.